Recorrido por los puertos italianos: Génova, Portofino, Florencia y otros
Tras una pausa de tres meses, volvimos a The World Niza/Ville Franche, demasiado tarde para hacer una exploración en profundidad, pero a tiempo para ver cómo la proa de nuestro barco servía de línea de salida para la UltiMed, una regata de trimaranes gigantes que continuará por todo el Mediterráneo hasta decidir al ganador, y para disfrutar de uno de nuestros almuerzos favoritos: moules frites. Desde entonces, los puertos franceses e italianos, todos ellos igual de cautivadores, se han ido sucediendo a un ritmo casi demasiado rápido como para poder asimilarlos.
UltiMed, regata de trimaranes
Génova fue una agradable sorpresa, con un sinfín de plazas y palacios, y un magnífico pesto en un pequeño restaurante local. Numerosos edificios eran impresionantes obras de arte en trampantojo, tan realistas que había que tocarlos para creerlo. También visitamos el cementerio de Staglieno, una auténtica delicia desde el punto de vista artístico e histórico: 290 capillas y 468 nichos, cada escultura una obra maestra. Lamentablemente, nos han dicho que se trata de un arte casi perdido.
Plaza Ferrari
Portofino era tal y como salía en las postales, un lugar precioso, pero las mismas fresas que habíamos comprado por 2 euros en otro sitio costaban aquí 9 euros. Desde allí, hicimos un recorrido con muchas curvas bajando la montaña hasta Camogli para almorzar con otros residentes. Fuimos al mismo restaurante junto al mar y compartimos el local con una bulliciosa familia que celebraba una primera comunión. Una sartén gigante que cuelga de la pared se baja una vez al año, cuando los pescadores y los cocineros locales preparan pescado para compartirlo con todo el pueblo durante la fiesta.
En Livorno, puerta de entrada a la Toscana, los mástiles de los veleros se inclinaban como metrónomos ajustados a diferentes tempos, y un mercado al aire libre ofrecía verduras tan frescas que una simple ensalada se convertía en un auténtico manjar: lechuga bibb, tomates maduros, mozzarella de búfala y prosciutto con focaccia para mojar en la mezcla de aceite de oliva y vinagre balsámico. ¡Qué delicia!
Desde Livorno, visitamos Florencia: 12 000 pasos de pura (aunque abarrotada) gloria. Vimos con frecuencia el mármol italiano local de color rojo, blanco y verde (los colores representan la fe, la caridad y la esperanza, respectivamente). El Duomo nos sorprendió tanto la segunda vez como la primera.
La catedral
Hicimos una excursión al museo al aire libre de la Piazza Signoria, donde se conservan estatuas originales, entre ellas Hércules y un león del siglo IV. El Palazzo Medici era excepcionalmente espléndido; cada piedra había sido marcada en la cantera con un golpe circular para indicar su destino en el palacio. Un dato interesante: los Médici, una familia caracterizada por su gran poder, intrigas, riqueza y artimañas, se extinguieron en el siglo XVIII, básicamente a causa de la endogamia. También nos enteramos de que la escalera secreta situada detrás de la Virgen de Or San Michel conduce a un escondite donde se guardan los tesoros de la iglesia.
La Virgen
Pronto pondremos rumbo a Elba, Córcega y más allá —todo ello territorio nuevo para nosotros—; lo esperamos con gran ilusión.
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