Un día «muy caliente» en Cabo Frío, Brasil
A primera hora de la mañana, levamos anclas y pusimos rumbo de vuelta hacia Río de Janeiro, con destino a Cabo Frío, una localidad turística de unos 200 000 habitantes. Esta localidad se encuentra a menos de 100 millas de Río y es un auténtico paraíso para quienes quieren escapar de la gran ciudad y disfrutar de la playa. Como pudimos comprobar, se trata de una localidad muy tranquila.

Fondeamos frente a Cabo Frío sobre las 8 de la mañana. Desde el barco se veían playas de arena blanca y brillante, y muchas sombrillas de colores que esperaban la llegada de los bañistas.

El trayecto en lancha hacia la ciudad fue realmente precioso. La entrada al Canal de Itajuru es muy estrecha y rocosa, pero una vez superado el paso, el trayecto hasta el embarcadero de la lancha fue muy pintoresco.

El agua es muy poco profunda en muchas zonas y vimos a mucha gente que parecía estar en medio del canal, con el agua hasta la cintura.

Había muchísimos barcos de pesca amarrados a lo largo del canal, con montones y montones de redes y material. También había varias plantas de procesamiento de pescado a lo largo del recorrido.

Creemos que esta noche habrá pescado fresco de primera calidad para cenar, ya que hemos visto a dos de nuestros chefs haciendo la compra.
«Frio» significa «frío», pero Cabo Frio no era nada frío… más bien «muy caliente», con un sol radiante, una temperatura de unos 80’s y mucha humedad. Teníamos la opción de ir andando hacia el centro y visitar la «Rua Dos Biquines» —una calle llena de tiendas de bikinis— o dirigarnos hacia el casco antiguo de Cabo Frio, donde hay un antiguo fuerte y la playa. Nos decantamos por esta última opción.
¿Te hemos dicho que hacía mucho calor? Caminamos por el lado más sombreado de la calle, atravesando el casco antiguo hasta llegar a la playa. Uno de nuestros conferenciantes a bordo nos sugirió una ruta, que seguimos, y que nos permitió disfrutar de una vista panorámica de la playa, el fuerte y nuestro barco. Las preciosas playas de arena blanca resultaban muy tentadoras. Como íbamos en zapatillas, camisetas de manga corta y pantalones cortos, íbamos vestidos de forma muy poco adecuada para la playa. Los brasileños, por su parte, llevan la menor ropa posible en la playa. Los bikinis de tanga no dejan mucho a la imaginación. ¿Crees que los brasileños se dieron cuenta de que éramos turistas?

Para llegar al fuerte había que recorrer un sendero rocoso, cruzar un puente, atravesar un tramo con agua y subir por una pendiente rocosa. Mucha gente lo hacía descalza o en chanclas; en ese momento, nos alegramos de llevar zapatillas deportivas. Las vistas eran impresionantes.
¿Estás listo para saber más?
Averigua si la vida a bordo The World es lo que más te conviene. Habla hoy mismo con uno de nuestros asesores residenciales para obtener más información sobre este estilo de vida único, los detalles de los próximos viajes y expediciones, y las oportunidades de adquisición de una vivienda.
